Publicado en la revista El Menu –Junio 2001 –Nº 94
CUERPOS, ESCENAS, DEVENIRES....
Por Silvia Schverdfinger
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Hace ya muchos años que con un grupo de colegas y amigos venimos trabajando en la temática del campo social y la producción de subjetividad.
Nos ocupa la problemática del sujeto y sus vínculos.
Nos preocupa las condiciones actuales psicosociales, económicas , políticas en cuanto a los efectos que producen atravesando lo cotidiano en las personas y sus relaciones, sus grupos, sus instituciones, sus comunidades..
Deviniendo “artesanos nómades”, entusiastas y apasionados , intentamos comunicar un hacer siendo y pensando, que nos posibilite interrogarnos siempre y abrir creando, inventando nuevos pequeños posibles microterritorios de existencia donde los sujetos se encuentren, produzcan y se contagien de afectos alegres y esperanzados, que a su vez se multipliquen las resonancias y consonancias en convivencia con las multiplicidades de miradas, versiones y sentidos singulares.
Para algunos de nosotros, el PSICODRAMA, es nuestra herramienta.
Lo considero actualmente no solo un recurso teórico y técnico sino un dispositivo de intervención en los campos del Arte, la Cultura, la Psicología, el Trabajo Social y Comunitario.
En mi trabajo cotidiano como psicoterapeuta y docente, me dejo sorprender y me maravillo de los devenires que los integrantes de los grupos van produciendo en la medida en que ponen en movimiento el cuerpo, en que se disponen a jugar y a inventar con otros escenas cuyo texto original proviene en general de alguna situación personal o laboral de algún integrante.
No se trata de “poner el cuerpo” sino de hacer cuerpo con el cuerpo del otro.
No se trata de teatralizar una situación conflictiva de alguna persona del grupo, sino de prestar su escena al grupo para que junto con sus compañeros produzcan multiplicidad de miradas, afectos, versiones y sentidos que les permita interrogarse acerca de su problemática singular con nuevas oportunidades para hacer-ser.
De lo que acontece en un grupo sólo captamos cortes, recortes, flashes de escenas, veloces, intensas, continuas y contiguas, de a uno, de a dos, de a más compañeros en ese espacio-tiempo. Actualizar, recrear, inventar; uno con otro, posibilidad de potenciar.
Exponer, no imponer. Son formas de resistir los trastornos de ansiedad, pánico, fobias, depresión, modos de reinstalarse desde lo vital.
Creo en el devenir rizomático de los grupos o mejor dicho de los sujetos que participan en ellos. Considero los grupos hoy como espacios que se instituyen con carácter abierto y diverso.
Me pregunto más acerca de qué y el para qué y no tanto sobre el por qué de los sucesos.
¿”Éxito” o “fracaso” de los grupos? Considero que el trabajo reproductor conlleva en su hacer-ser el aniquilamiento, la disolución, la frustración. El trabajo multiplicador propulsa, motiva, solidariza, desafía al hacer inventando, recreando en una búsqueda constante de alternativas creativas.
Mi expectativa en los grupos que coordino tanto terapéuticos como pedagógicos es facilitar pequeñas asociaciones, pequeñas compañías de laboriosos esperanzados que se dispongan a explorar las dificultades y padecimientos en el cotidiano personal y laboral para encontrar nuevas formas, que la persona haga de su miedo pareja con el entusiasmo y ganas, que redescubra afectos alegres, que intente desafiar insomnios o pesadillas capturantes, autovigilantes, inútiles porque impotentizan y detienen en el vacío y transformar en sueños que posibiliten levantarse, caminar, deambular, errar, equivocarse, construyendo, deconstruyendo y reconstruyendo. Permitirse tejer novelas, imaginar, desplegar, apropiarse de sus decisiones, realizar concreciones.